- a veces me pregunto si hay algo mas afuera
- claro que si, siempre hay algo mas! de eso se trata todo esto
- si, si, pero no me refiero a eso, sino a realmente algo mas, algo que no podemos ver, como las cosas que esconden los espejos cuando no los miramos
- no entiendo
- no te preocupes, igual son divagaciones que no tienen fin
en ese momento saltaron las trompetas a romper con furia lo nostalgico del ambiente, el aire comenzo a cobrar un color naranja, ya venia la noche trayendo su infinidad de quehaceres.
por primera vez en todas esas noches de sofocante verano sintio que tenia la libertad de no elegir, lo cual era una ironica eleccion al final.
el existencialismo comenzo a inundar el ambiente de preguntas. ya no era el mismo de hace tiempo, se veia igual, incluso mas joven pero ya sus palabras no tenian el mismo eco.
era hora de partir, el destino habia sido repetido tanto tiempo que el mismo se encargo de cambiarlo una y otra vez.
esta noche venia el desierto con su impotente pasividad, esta noche llegaba la calma y era hora de cruzarla. la unica forma de salir de ahi era caminando en circulos, era elegir el no salir, la logica perdio su sentido y fue ahi... fue ahi cuando aparecio el profeta.
no se si fue el cansancio, la sed o simplemente la realidad, pero el profeta tenia en el cuerpo tatuados todos los conceptos, tenia en sus poros a todos los seres que habitaban y podia ver sus historias y vivires. era un profeta similar al hombre ilustrado que sonyaba con cohetes y lluvias infernales en venus.
este profeta venia de una casta que se basaba en la mirada, los ojos tenian un tinte negro, una capa como la de ciertos animales que dejan ver mas alla. de todas formas su condicion no era fisica, el profeta veia mejor con los ojos cerrados, se sentia mas a gusto con la noche, con el desierto y con la calma.
al principio no pronunciaron palabra alguna y fue la mejor conversacion que existio en anyos. no habia necesidad de reducir los conceptos a palabras, no habia necesidad de comunicacion. la sola presencia lo hacia todo, las miradas conjugaban cual verbo existiese, el silencio se convirtio en el mejor aperitivo.
pero pocas cosas son eternas en esta vida, y es mejor no saber cuales para no desgastarlas. acabada la noche el profeta dejo una frase tatuada en el hombro derecho del viajante.
era hora de volver a partir.
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